Más allá del miedo al famoso “coco”, a que regrese tu “ex”, a perder el empleo, a que se acabe el mundo… Más allá de todo ello, se encuentra el miedo a hablar en público.    Carlos Hernández de la Rosa

¿Qué es el miedo?

Al miedo, podemos definirlo como la sensación de angustia o preocupación provocada por la presencia de un peligro real o imaginario.

  • ¿Quién no ha sentido alguna vez miedo de hablar ante una audiencia?

Según estudios, el miedo, traducido en nervios al hablar frente a una audiencia, es algo que tenemos en común todos los seres humanos. La verdad es que, tanto oradores experimentados, como principiantes lo sentimos. La diferencia radica en que el orador experimentado conoce las causas y los síntomas y los utiliza a su favor, empleando métodos y técnicas apropiados.

El miedo está relacionado íntimamente con la ansiedad. ¿Cuáles son las causas de esa ansiedad? ¿Qué la produce?

Como primer punto, tenemos a las situaciones nuevas y desconocidas. Normalmente las experiencias nuevas son estresantes. El no saber qué es lo que sigue, qué va a pasar o cómo anticiparlo, causa ansiedad.

Luego, está el riesgo a fracasar. No sabemos cómo lidiar con él, cómo superarlo, cómo aprender de él.

Luego, viene la posibilidad de parecer tonto. Esto hace que a veces prefiramos no hablar por temor a que nuestra aportación no sea bien recibida, que esté fuera de contexto o que los demás no coincidan con ella.

Por último, está el miedo a aburrir a la audiencia.

Esas, son algunas causas por las que sentimos ansiedad.

Ahora, ¿cómo nos damos cuenta de que la sentimos? ¿cuáles son sus síntomas?

Cuando nos enfrentamos a una situación que causa ansiedad, el cuerpo responde incrementando el flujo de adrenalina. La adrenalina causa que el corazón lata más rápido.  Una mayor cantidad de sangre y oxígeno fluye hacia los músculos y el cerebro; esto, produce energía extra que permite responder rápidamente, pero también puede tener efectos menos deseables:

  • Incremento del ritmo cardíaco
  • Mariposas en el estómago
  • Temblar constantemente
  • Mareos
  • Vértigo

Hemos visto hasta ahora qué causa la ansiedad y cómo saber que la sentimos. Ahora, la pregunta sería: ¿cómo controlarla?

Existen tres métodos para ello.

El primer método es la Experiencia. Aquí, no hay nada mejor que eso de: “La práctica hace al maestro”. Estudios afirman que uno de los mejores métodos para reducir la ansiedad es la práctica.

Practicar frente a un espejo. Con este ejercicio podremos iniciar con una autoevaluación en donde sabremos qué nos gusta y qué no nos gusta de nuestra presentación.

Ensayar frente a la familia y amigos. Una vez que nos hemos visto a nosotros mismos, presentemos el discurso ante familiares y amigos; seguro que ellos tendrán alguna retroalimentación efectiva para nosotros.

Presentarse ante un grupo cada que se pueda.

El segundo método es la Visualización. Investigaciones muestran que vivir momentos en la imaginación hace que sean registrados como memorias. Para el cerebro y el sistema nervioso central, estas memorias no se distinguen de las experiencias reales. El pensamiento causa cambios psicológicos que afectan el rendimiento.

¿Quieres un ejercicio que ejercite tu capacidad de visualizar?

Cierra los ojos y mentalmente dirígete al siguiente escenario, viviendo cada momento en tu imaginación:

Eres presentado ante una audiencia. 
Subes hasta el atril con confianza, sonriendo a la gente conforme caminas.
Respiras profundamente varias veces antes de empezar a hablar. (Conforme lo imaginas, respira profundamente).
Hablas claro y fuerte, recordando todos los puntos que deseabas tocar.
Cautivaste a tu audiencia con tus palabras, gestos y variedad vocal.
Al terminar, la audiencia aplaudió tu presentación.

Repite este ejercicio cuantas veces sea necesario, hasta que tu confianza haya incrementado y la ansiedad disminuido.

El tercer método es la Relajación. El estrés se genera de la misma forma que lo hace la ansiedad. Esto, debido a que la mente y el cuerpo están conectados, y por ello los sentimientos a menudo afectan físicamente.

Afortunadamente, existen ejercicios isométricos que nos ayudarán a reducir la tensión:

Enfócate en áreas en donde se concentre la tensión, tal como los hombros. Mantén apretados los músculos por algunos segundos y luego suéltalos.
Ponte de pie, inhala y estira tus brazos hacia el techo. Después exhala y agáchate hasta tocar los dedos de los pies sin doblar las rodillas.
Estira los brazos hacia los costados y muévelos en círculos. Primero diez veces hacia delante y luego hacia atrás.
Realiza repetidamente movimientos en círculo con la cabeza. De un lado a otro y viceversa.
Respira desde el diafragma. Esto reduce la falta de aliento y ayuda a la voz, a tener una mejor proyección y resonancia.

 

Conclusiones

Aún después de practicar y ensayar mentalmente un discurso, es normal sentir nervios antes de una presentación. Utiliza esa adrenalina a tu favor. El miedo a hablar en público se puede superar y está en tus manos poder hacerlo.

Ten en cuenta que la audiencia posiblemente no notará tu nerviosismo. El público normalmente no se percata de lo que el orador piensa que es vergonzosamente obvio. Si te paras y hablas con confianza, la audiencia no sabrá que tus manos están sudando, que tu corazón late con fuerza o que has olvidado algún detalle.

La siguiente vez que estés a punto de dar un discurso, a medida que tu corazón lata con fuerza, sientas mariposas en el estómago, te tiemblen las rodillas, convierte esa ansiedad en energía positiva, usa los métodos aquí presentados y podrás CONTROLAR EL MIEDO.

Adaptado de la Plática Educativa “Cómo vencer el miedo a hablar frente a una audiencia”, presentada por Carlos Hernández de la Rosa. 

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